los mimos
Los rostros blancos de los mimos se han hecho cada vez más familiares entre los chilenos. Varias son las esquinas en las que estos personajes provocan risas y carcajadas con su espectáculo. Pero, ojo, molestias y enojos también son parte de su actuación. Aquí puedes conocer la historia de uno de ellos.
¿A quién no lo ha molestado alguna vez un mimo en la calle? Si no ha tenido la (buena o mala) suerte aún, es cosa de que te acerques un poco a uno de ellos e inmediatamente éstos comenzarán a imitar todos tus gestos. Aunque en un comienzo puede que le dé un poco de vergüenza, después de un rato, el pudor se alejará y podrás empezar a reírte de buena gana.
Y si no quieres exponerte a las bromas del mimo, también podrás gozar de su show siendo testigo de cómo este personaje, que en los últimos años ha estado dando qué hablar en las calles de Santiago, despliega sus habilidades logrando hacer reír a carcajadas a su espontáneo público .
Con sencillez, creatividad y una rutina en que será importante la participación de la "víctima" del mimo, estos personajes se han tomado algunas esquinas de la capital y allí no sólo han dejado huellas de risa, sino también de enojo. Chile.com te invita a conocer la historia de uno de estos personajes de rostro blanco.
Alegre vocación
Pedro tiene 28 años y hace cinco que realiza diferentes rutinas de pantomima. Actualmente trabaja en la Plaza de Armas de Santiago e interpreta a un divertido “clown” de los años 30, que con la cara pintada de blanco, ropas de llamativos colores y un pito en la boca se dispone cada día a molestar a todo aquel que se atreva a pasar por el ruedo de gente que se acumula a su alrededor.
Una maleta, unos anteojos descomunales y diferentes sombreros son parte de los elementos que Pedro utiliza mientras realiza su trabajo.
Este mimo ama su oficio. Y se nota. Nos confiesa que más que la plata que pueda entregarle un buen día de función, él prefiere la satisfacción que le produce ver reír a la gente.
“Desde pequeño me sentí atraído con la idea de ser mimo, no estudié teatro pero un amigo que lo hizo en la innovadora escuela de "La Mancha" me enseño el arte de la pantomima y de eso vivo hoy monetaria y espiritualmente”, cuenta.
La idea de instalarse en la Plaza de Armas a realizar diariamente su rutina surgió básicamente por la necesidad que sentía Pedro de entregar un poco de alegría y humor a los habitantes de la capital. “Yo siempre he vivido en el centro de Santiago y me he dado cuenta de que esta cuidad está muy apagada, la gente se ve a veces muy cansada y decaída y pensé que hacía falta algo de chispa, mostrar la realidad de Chile, pero de manera graciosa.
Mi rutina contempla muchos aspectos y cosas que los chilenos no se atreven a hacer en público, pero con las cuales se sienten profundamente
